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MANO DE OBRA PARA UNA POBLACIÓN ENVEJECIDA

Publicado el 26 Ene, 23:30
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La gestión forestal colectiva, a través de figuras como las Agrupaciones Forestales de Gestión Conjunta, puede ser también un camino hacia la reconexión social y la revitalización comunitaria.

En muchos pueblos de Galicia, el silencio es hoy más profundo que nunca. Las voces que antes llenaban las plazuelas, los golpes de azada en la huerta, el murmullo de los niños en el camino a la escuela… se han ido apagando con el paso de los años.

El campo gallego envejece, y con él, sus habitantes. Quedan casas habitadas por personas mayores que viven solas, rodeadas de fincas enmarañadas, de montes que hace tiempo dejaron de trabajar. La soledad, invisible pero real, se ha convertido en una de las heridas más profundas del rural.

Las Agrupaciones Forestales de Gestión Conjunta, además de ser una herramienta técnica que busca mejorar la rentabilidad del monte, también es un instrumento para reconstruir la comunidad. Los vecinos se reencuentran en torno con un objetivo común y recuperan esa red de apoyo mutuo que durante generaciones dio sentido al rural gallego. Esta forma de asociación busca satisfacer un interés público o social que, en el fondo no se circunscribe a los aspectos medioambientales, de prevención de incendios o de puesta en valor de parcelas forestales … sino que también tiene un aspecto social que se puede materializar en la creación de entornos de convivencia como locales sociales, espacios de reunión o pequeños proyectos comunitarios: talleres de poda, charlas sobre prevención de incendios, cursos de aprovechamiento de recursos forestales… o, simplemente, un lugar donde compartir conversación y compañía, en superación del estilo de vida “puertas adentro” que tanto predomina últimamente. Esta interacción cotidiana es, en sí misma, una forma de bienestar.

Alrededor de las reuniones, de los trabajos compartidos o de las celebraciones de los éxitos conseguidos, se teje un tejido social que combate directamente el aislamiento. En definitiva, una Agrupación Forestal de Gestión Conjunta no solo gestiona recursos naturales, sino que también gestiona vínculos humanos ocupando un papel protagonista como centros de vida rural.

Además, la puesta en valor del monte va a necesitar mano de obra para ejecutar las actuaciones previstas en el plan de ordenación forestal. La lucha contra la despoblación es otro objetivo social que se persigue y eso sólo se puede conseguir generando empleo estable.

Podemos decir que el desafío consistente en la puesta en valor de un nuevo elemento productivo ya no es solo económico o ambiental: es profundamente social. Se necesita una masa crítica de población en edad de trabajar para llevar a cabo las labores que implica la ejecución del plan de ordenación del monte, y también la explotación del resto de aprovechamientos forestales de los que el monte sea susceptible.

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