Una gestión forestal sostenible es incompatible con la estructura de la propiedad del monte gallego. El minifundismo imperante conlleva una excesiva fragmentación de la propiedad que impide la constitución de explotaciones con el tamaño necesario para ser técnica y económicamente viables. Además, como el período de retorno de inversión suele ser largo, no existe un atractivo económico que haga este tipo de explotaciones deseables a los ojos del capital privado. Al final, se produce un incremento de los niveles de abandono en la mayor parte del monte gallego, circunstancia que se ve agravada por el tránsito generacional de la propiedad, que acentúa la fragmentación de la propiedad y la desvinculación del propietario, ya que, con el paso del tiempo, ya no es que los propietarios no vivan en el entorno geográfico en el que radica su monte, sino que, incluso, desconocen en dónde se encuentran sus parcelas.
Hay otras causas externas que hacen que la puesta en valor de la propiedad forestal no esté en la mente del propietario forestal:
- La inseguridad y falta de garantías que genera la recuperación de una inversión en una explotación forestal debido a las catástrofes (plagas, incendios, proliferación del jabalí…) que potencialmente la amenazarían
- La inexistencia de cargas económicas relevantes que graven la titularidad de las parcelas de monte, lo que hace que no se visualice la necesidad de ponerlas en producción, al menos, para cubrir los costes asociados a la titularidad.
- El bajo precio en el mercado de la tierra de las parcelas dedicadas a monte (0,88 €/m2 de media en Galicia en 2023).
- La inaplicación del régimen sancionador de comportamientos de abandono del monte.
- La despoblación del rural y la falta de mano de obra en los pueblos que se encargue de las labores de limpieza y mantenimiento del monte.
Todo esto hace que, para una gran parte de los gallegos, ostentar la propiedad de fincas forestales sea algo infravalorado. En estas condiciones, resulta habitual que el monte gallego carezca de planes de ordenación y explotación que garanticen una gestión sostenible.
Ahora bien, el monte desempeña una función social relevante que no puede permanecer desapercibida por más tiempo. Además, desde el punto de vista económico, son una fuente de riqueza.
El patrimonio forestal de Galicia (que ocupa dos terceras partes de su territorio) hace que esta comunidad autónoma sea una potencia maderera en Europa. En el año 2017 Galicia superó la cifra de 8,5 millones de metros cúbicos de madera cortada, lo que supuso el 47% de la madera cortada en España, situando a la Comunidad Autónoma en el puesto número 15 de productores de madera de Europa, compitiendo con países como Suecia, Finlandia o Alemania, que ocupan los primeros lugares del ranking. Sin embargo, frente al 60% de Europa, sólo el 12% del monte gallego se encuentra ordenado.
Esta es la estructura de la propiedad del monte gallego:
- el 68% del monte está en manos de particulares.
- el 30% pertenece a Montes Vecinales en Mano Común.
- el 2% restante pertenece a las Administraciones Públicas.
¿Cómo desbloquear la situación de infrautilización de la masa forestal que está en manos de particulares?
El primer paso es conseguir una superficie mínima adecuada que posibilite la creación de una explotación rentable y sostenible desde el punto de vista económico. Por lo tanto, todo pasa por utilizar un instrumento que fomente la concentración de la gestión de los aprovechamientos de las parcelas forestales.

